Rabietas

 


Divertido video ilustrativo

– ¿Cuál ha podido ser el origen de esta conducta?

Las rabietas son frecuentes entre niños de 2 a 5 años. Con 2 y 3 años no saben expresarse de otra manera. Necesitan ir encontrado su autonomía. Es la edad del “Yo solito” y “del no.

El 70% de los niños con comportamiento difícil con 3 años, continúan teniendo el mismo comportamiento un año después si no se llevaba a cabo ninguna intervención.

Intervención:

– ¿Cómo se podía haber prevenido? Evitando esta situación: 

  • Los padres dan una orden al niño.
  • El niño no obedece.
  • Los padres suben el tono de voz.
  • El niño no obedece y grita.
  • Los padres amenazan, chantajean, …
  • El niño sigue sin obedecer, y responde imitando a los padres.
  • Los padres se sienten impotentes y dan al niño lo que quiere.

– ¿Qué pueden hacer los padres?

  • Cada vez que aparezca la rabieta ignorar el comportamiento (siempre que posible).
  • Decirle que le hace sentir su comportamiento: “Me estoy enfadando”.
  • Que sepa que no va a conseguir así lo que quiere.
  • Decirle con firmeza que se espera de él: “Cuando te tranquilices, te atiendo”.
  • Retirarse y esperar (aproximadamente un minuto por cada año de edad del niño, es decir, si un niño tiene 2 años, esperamos 2 minutos).
  • Si pasado ese tiempo sigue con la rabieta, volver con firmeza a decirle lo que se espera de él.

Seamos conscientes de que las rabietas son una forma que tienen los niños de comunicarnos algo (una forma errónea, está claro). Lo que tenemos que hacer es dotarle al niño con las herramientas adecuadas y con la forma de comunicación correcta. Por supuesto no es una tarea fácil, sino todo lo contrario.

Estas orientaciones  lejos de pretender ser la verdad absoluta tan sólo pretende aportar una orientación general de lo que se puede hacer cuando el niño tiene una rabieta. Todas nuestras actuaciones deben ser flexibles y adecuadas a la edad y madurez del niño.

En definitiva, debemos intentar:

  • Anticiparnos a las rabietas.
  • En el momento de la rabieta: tranquilizarle y dejarle muy claro qué es lo que esperamos de él.
  • Ayudarle a tranquilizarse.
  • Evitar los gritos
  • Ponerle palabras a lo que le ha pasado. Explicar que está “cabreado/enfadado” y decirle por qué
  • Explicarle que tiene otras maneras de expresar de lo siente

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