Comportamiento adolescente

Adela tiene 16 años, cursa 4º de la ESO. Siempre ha sido buena estudiante, pero últimamente está abandonando sus tareas. Está obsesionada con su imagen, se encierra en su habitación. Cuando quiere algo (irse a casa de una amiga a dormir, llegar más tarde) se pone zalamera con su padre que siempre le deja, aunque su madre no suele estar de acuerdo, lo que provoca frecuentes discusiones en el matrimonio.

Extraído de las unidades de trabajo para escuela de padres y madres. Unidad  10: límites, premios y castigos. Dirección General de Participación e Igualdad Consejería de Educación y Ciencia de Castilla la Mancha.(http://www.educa.jccm.es/educajccm/cm/recursos/tkContent?idContent=55949&textOnly=false&locale=es_ES)

¿Qué pueden hacer los padres de Adela para acabar con sus discusiones y ayudar a su hija?

La adolescencia es una época de rupturas y pérdidas, los padres protectores e idealizados de la infancia se pierden. El adolescente se siente fuera de lugar, las normas que antes se le aplicaban de forma efectiva ya no sirven, irrumpen en él nuevos valores e inquietudes, parece que hay que producirlo todo de nuevo, también la relación fraterno-filial. No todos atraviesan del mismo modo este tiempo. Muchos asumen estos cambios sin grandes aspavientos, ávidos de crecer. Otros se transforman, de la noche a la mañana, en chicos desobedientes, contestones y resulta bastante difícil “torearles”.

Como vemos la adolescencia no sólo es una prueba de fuego para el joven, sino también para sus padres. Ya sabemos que nadie nace sabiendo, aprender a ser padres también es un trabajo. No existen criterios educativos preestablecidos que sirvan para todos los hijos, ni consejos profesionales estándar que actúen como “varita mágica” para solventar un problema. Cada familia es distinta como lo es cada uno de los miembros que la integran.

Lo fundamental es la unidad, el acuerdo familiar, la no desautorización entre los padres.

Cada familia tiene sus formas de pensar y sus prioridades, no obstante las
investigaciones han demostrado algunas cualidades comunes en los padres eficaces:
Demuestran amor. Los adolescentes necesitan poder contar con sus padres,
que se comuniquen con ellos, que les dediquen tiempo y que demuestren que se preocupan por su bienestar. Los padres pueden querer a sus hijos al tiempo que rechazar lo que hacen, y los chicos deben estar seguros de que esto es cierto.
Apoyan. A pesar de considerar poco importantes algunos problemas del
adolescente, este necesita el apoyo de sus padres. Necesitan elogio y reconocimiento cuando se esfuerzan y aliento para desarrollar sus intereses.

Ponen normas. Fijar límites en el comportamiento hace sentirse
emocionalmente seguros a niños y adolescentes. Poner normas y supervisar que se cumplen de forma consistente y adecuada a la edad y la etapa de desarrollo facilita un desarrollo equilibrado y un mayor ajuste psicológico en la edad adulta. Huir de extremos autoritarios o indulgentes fijando límites y normas claros, razonables y bien explicados es la mejor estrategia posible.

Fije límites. Los adolescentes se resisten a los límites impuestos, pero los
necesitan e incluso los desean. En un mundo cada vez más complicado los límites dan seguridad y sentimientos de estar atendidos. Es más fácil empezar a poner límites durante la infancia, pero no es imposible empezar cuando son adolescentes.
– Hable claro. La mayoría de adolescentes responden mejor a instrucciones
concretas: “En casa antes de las 9’30h” es mucho más fácil de entender y
cumplir que “vuelve temprano”.
– Opciones razonables. Cuando se da más de una opción se facilita que
acepten la norma. “Antes de irse a la cama hay que acabar los deberes,
antes o después de cenar, ¿qué prefieres?”.

Dan ejemplo. Mientras exploran distintas posibilidades de quien quieren ser los adolescentes buscarán ejemplos en sus padres, familiares, amigos, personalidades u otras personas, pero sobre todo en sus padres.

Enseñan responsabilidad. El sentido de la responsabilidad se adquiere con el tiempo. Según crecen aprenden a responsabilizarse de: sus tareas escolares, ordenar su habitación, colaborar en faenas domésticas, participar en actividades sociales, y aceptar las consecuencias de sus buenas o malas decisiones.
Facilitan experiencias. Según los recursos de cada familia conviene facilitarle que conozca nuevas cosas. La curiosidad le hará probar nuevos deportes, o nuevos intereses académicos, experimentar expresiones artísticas, o probar en actividades sociales o religiosas diversas. No le desalienten ni pierdan ustedes la paciencia, la exploración es parte fundamental de la adolescencia.

Guiar sin controlar. Los adolescentes necesitan explorar en su camino hacia
la construcción de su identidad, con lo cual cometerán errores y deberán aprender a aceptar los resultados. Ello no significa que los padres deban renunciar a guiarlos para evitar que comentan demasiadas equivocaciones o errores irreparables. Una buena forma de guiar consiste en preguntar sobre posibles consecuencias de sus acciones y escuchar atentamente: “¿Qué podría ocurrir si…?”. Cada adolescente necesitará ser guiado de forma individual pues incluso entre hermanos adolescentes pueden entender cosas distintas ante la misma norma: “A las doce en casa” significa para uno que antes de las 12’00h hay que estar físicamente de la puerta para adentro, mientras que su hermano puede entender que llamando a las 11’55 para decir que llegará después de comer la pizza que han pedido y tras acompañar a dos amigas a su casa,
habrá cumplido.

Permita ciertos errores. Para aprender a resolver problemas y tomar
decisiones es necesario equivocarse alguna vez. Permita que cometan algún error siempre y cuando la salud y la seguridad no peligren, pues equivocarse enseña algo tan importante como es recuperarse tras un mal paso. Es difícil que un chico o chica aprenda a recuperarse y continuar si sus padres le resuelven todas las dificultades de la vida.
Las acciones tienen consecuencias. Si la norma es llegar antes de las 10h
no debe ignorarse que llegó dos horas tarde. Usted perdería credibilidad si no le hace afrontar las consecuencias de tal retraso. No olvide que el castigo ha de ser proporcionado a la ofensa, y que el resto de la familia y usted mismo no tienen por qué sufrir las consecuencias del incumplimiento de uno de sus hijos.

Respetan. Es falso que todos los adolescentes sean rebeldes y difíciles, pero
es cierto que necesitan ser tratados con respeto, que se reconozca y aprecien sus diferencias y se les trate como personas.
No existen los padres perfectos. Una mala contestación o decisión dada un
“mal día” no tiene por que afectar a su hijo de por vida. Lo importante es lo que usted haga de forma habitual, el día a día.

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